Carlos Monsiváis
15 de noviembre de 2009
El Universal
“¿Qué mano fue? ¡A ver, enséñenmela!”. La antigua estrategia del golpe con intención didáctica revive en voz de la senadora del PAN María Teresa Ortuño, que le contesta al director del IPN, Enrique Villa Rivera, representante de casi un centenar de instituciones tecnológicas en demanda de recursos para la educación superior. A Ortuño nadie la podrá acusar de condescendiente: “Es hora de que todos nos apretemos el cinturón y, por favor, no me vengan con esa demagogia de que nadie puede apretárselo, porque aunque la educación, el desarrollo social y la salud son temas prioritarios, perdónenme, dondequiera hay grasita y se puede cortar grasita sin llegar al músculo ni al hueso… no se vale echarle la pelota a Calderón… No, no, no. No me vengan a ¿cómo dice?: donde lloran ahí está el muerto. No, no; el dinero hace falta, pero no sirve de nada si no hay pasión, si no hay compromiso, si no hay decisión, si no hay vocación, si se pretende medrar y se busca que siempre se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre” (11 de noviembre de 2009). El habla automática de la senadora (“Digo lo que se me ocurre y alguna vez diré lo que pienso”) se da a nombre de su partido, y tan es así que en esa misma sesión el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, la felicita: “Gente como Teresa Ortuño prestigia la política, le agradezco su inteligencia, entusiasmo y pasión”.
El regaño tiene que ver con la antipatía profesada por la derecha a las universidades públicas, vigorizada desde el acomodo de Fox en Los Pinos (no acuso a Fox de antiintelectual, él es más bien un espíritu libre de todo conocimiento). La lucidez conceptual de Ortuño va más allá: habla como capataz de hacienda o se expresa como adiestradora de metáforas cazadas al vuelo. Formidable descripción del recorte presupuestal: “apretarse el cinturón/ dondequiera hay grasita/ se puede cortar la grasita sin llegar al músculo ni al hueso”. La metáfora se estaciona de inmediato porque su elevación depende de lo que Ortuño no entrega: el significado de apretarse el cinturón, la localización de “la grasita”. ¿En dónde se encuentra lo prescindible? ¿En los salarios de los profesores, en las prerrogativas de los trabajadores, en el número elevado de estudiantes, en la investigación científica, en las tareas editoriales, en los Pumas? ¿En la crítica que es una de las razones de ser de las universidades públicas? Nos gustaría que una dietista tan consumada pasase de la metáfora a la explicación rigurosa, lo que evitaría “la grasita” en sus declaraciones. (más…)

JABAZ
Rocha
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