A Contracorriente

Agosto 26, 2008

El secreto cubano

Archivado en: Juegos Olímpicos — macariohg @ 3:27 pm
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Tomado de la BBC

Cuba obtuvo 24 preseas (dos doradas) en los Juegos Olímpicos de Beijing, lo que dejó a la isla en el puesto 28 del medallero olímpico, siendo el segundo mejor país latinoamericano detrás de Brasil.

Los resultados alcanzados por Cuba en esta edición no fueron los mejores de su historia, pues por primera vez en años fueron sobrepasados por otro país latinoamericano en la tabla.

Sin embargo, no se deja de admirar los logros de Beijing tomando en cuenta sus escasos recursos y que la isla apenas tiene unos 12 millones de habitantes (Brasil tiene al menos diez veces más).

El secreto es un gigantesco sistema de promoción del deporte que incluye en su cantera a todos los ciudadanos del país, y que los capta desde la temprana infancia para entrenarlos sin que les cueste un solo centavo al deportista o a su familia.

Cuando alcanzan niveles deportivos de “alto rendimiento” reciben un salario, alimentación, centros de entrenamiento y los implementos necesarios para desarrollar su modalidad sin límites: puede ser desde un simple kimono hasta la más cara de las canoas.

Se trata de una política nacional, promovida desde hace medio siglo. Es tan importante, que el gobierno la considera como uno de los mayores “logros de la Revolución”, junto a temas socialmente más sensibles, como la salud o la educación.

Y los del “sistema” los resultados se hacen sentir en la Olimpiadas. En Tokio 1964 ganaron una medalla; cuatro en México 1968; en Montreal 1972 son 13; en Moscú 1976 se convierten en 20; mientras que en Barcelona en 1992 logran tener nada menos que 31 medallistas.

Ni siquiera en medio de la dura crisis económica que afectó a Cuba en los años 90 el deporte dejó de dar frutos: en Atlanta, Sidney y Atenas se alcanzaron en conjunto 81 medallas olímpicas, 29 doradas, 26 de plata y 26 de bronce.

La pirámide

En todas las escuelas primarias del país se practican deportes y los llamados “cazatalentos” las recorren en busca de alumnos que puedan ser trasladados a instituciones especiales para sus estudios académicos y habilidades deportivas.

Esta es la base de la llamada “Pirámide Deportiva”, que se complementa con Juegos Escolares a nivel municipal, provincial y nacional. Son las primeras competencias formales que enfrentan y en ellas participan alumnos de todos los colegios del país.

Al llegar a la enseñanza secundaria los mayores talentos son trasladados a las Escuelas de Iniciación Deportiva, en las que aumenta la carga de entrenamiento, mejora la alimentación y tienen albergues en los que viven de lunes a viernes.

Una nueva selección, esta vez realizada por los propios entrenadores, enviará a algunos de estos jóvenes a las escuelas superiores de deportes, donde serán atendidos por los mejores especialistas de cada modalidad, mientras continúan estudiando.

Un deportista cubano cuenta con un salario, una dieta especial, entrenadores, un equipo médico, vacaciones pagadas y una parte de lo que ganan en los eventos en los que participan o de la publicidad.

La escuela cubana

Cuba sostiene que no se trata de profesionales, de hecho, el único deporte permitido en la isla es el amateur. Pero las condiciones de vida de los deportistas cubanos son muy diferentes a las de sus homólogos en otros países del Tercer Mundo.

Un excelente ejemplo se encuentra en el boxeo. Los cubanos, con años de entrenamiento y cientos de peleas, se enfrentan a jóvenes con muy poca experiencia porque sus símiles en el resto del mundo ya pasaron al profesionalismo.

De todas maneras esto no cuestiona su gran calidad y la prueba está en el béisbol, donde, a pesar de que se autorizó la participación de profesionales en los equipos, Cuba sigue estando entre las mejores novenas del mundo.

El sistema además se autoabastece a sí mismo. Los propios deportistas retirados se convierten en entrenadores, lo cual ha permitido crear una “escuela cubana” casi en cada modalidad, que conserva la experiencia acumulada durante los últimos 50 años.

La capacidad generadora es tal que, según el escritor José Steinsleger, Cuba ha enviado 15.000 especialistas deportivos a 102 países del mundo.

En América Latina los hay en Venezuela, Guatemala y México, entre otros.

El gran reto

El mayor peligro que enfrenta el deporte cubano es el profesionalismo, pues muchos son los deportistas que han dejado el país para ser parte del béisbol de las Grandes Ligas en Estados Unidos, o de los equipos de voleibol de Europa o del boxeo mundial.

El gobierno los llama “desertores” y el propio Fidel Castro hace poco, en una de sus reflexiones escritas, les cerró las puertas para siempre.

“No permitamos jamás que los traidores visiten después el país para exhibir los lujos obtenidos con la infamia”, escribió.

De todas formas, a pesar de las amenazas y castigos, continúan “las deserciones”. Se trata de decenas de deportistas que aspiran a competir contra los mejores y a recibir a cambio las fortunas que solo se pueden ganar en el profesionalismo.

Además cuentan con la asistencia de decenas de “cazatalentos” que les hacen ofertas millonarias y organizan las fugas.

Algo que Fidel Castro calificó como “un toque a degüello contra Cuba robándonos cerebros, músculos y huesos”.

BBC
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Testimonio de un secuestro (mientras los gobernadores y el Presidente hablan y prometen)

Archivado en: Inseguridad, Secuestros — macariohg @ 3:05 pm
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Marta Alcocer*

Tomado de La Jornada

El pasado jueves 21 de agosto me dieron un balazo entre el hombro y el cuello, muy cerca de la arteria aorta. Me amagaron y me llevaron secuestrada.

Me robaron 500 pesos, 400 huevos de gallinas que yo misma crío en semilibertad, mi reloj de pulsera, una cadenita de oro, una laptop, una carpeta con másters de dvd que yo había realizado, cd con softwares y diseños de portadillas y un celular.

Eran alrededor de las seis y media de la tarde. Iba yo hacia la ciudad de México por la carretera que va de Jalatlaco hacia el Ajusco. Ya cerca de donde está un letrero de “Bienvenidos a la Ciudad de México”, pasando una curva, me encuentro con un coche estacionado y un hombre joven con boca y nariz tapadas por un paliacate, los brazos estirados, horizontales, apuntándome con una pistola pequeña color plateado, a unos 20 metros.

Me echo en reversa, intento dar la vuelta en “u” y el hombre aparece junto a la ventana apuntándome y me ordena que abra la puerta y le dé las llaves.

Obedezco, me paso al asiento de junto y trato de salir huyendo cuando siento que me dan un golpe entre el cuello y el brazo, del lado derecho, y oigo a otro hombre que dice: “¡Ábreme!”, y se sube en el asiento de atrás.

Pasa un auto gris pequeño, pero (por supuesto) no se detiene. Los delincuentes ponen en marcha mi camioneta, una pequeña Tracker. El conductor increpa al otro que por qué me baleó. El otro responde que porque quería yo huir, dice que la bala entró y no salió.

Yo creo que están blofeando, tardo en darme cuenta de que la ventana derecha está completamente estrellada y siento un hilillo de sangre.

No me atrevo a tocarme, pero ya sé que sí estoy herida, aunque no me duele (más tarde, el anestesiólogo me dice que seguramente la bala colapsó un nervio y eso evitó que me doliera).

Me obligan a agacharme, pero puedo ver que mi captor toma por un camino ancho, de tezontle. Sigue por él y luego entra por otro estrecho, en el monte, dos huellas y hierba.

Se detiene en un descampado. El del asiento de atrás, quien me disparó, se baja. El de adelante me ordena que descienda. Yo no quiero, pienso que me van a matar. El de adelante, que deduzco es el jefe y más experimentado, me dice que no me van a asesinar.

Abro la puerta para bajarme y de nuevo la pistola apuntándome. Vuelvo a subirme a la camioneta. “Me está apuntando tu amigo”, le digo a mi captor. “No le apuntes”, le ordena, y el otro dice: “Es que me está viendo. Y yo le digo exaltada: “¡No te veo, si estás todo tapado, cómo te voy a ver!” Salgo de la camioneta. Les pregunto qué quieren. “Dinero”, dice el jefe. “Traigo 500 pesos”, le digo, y los saco del bolsillo del pantalón y se los entrego.

Le digo también que soy periodista. Me preguntan que para quién trabajo y respondo que soy independiente. El ayudante corre al auto y regresa diciendo: “No es periodista”.

También les digo que trabajo en una organización ecologista. Le pregunto al jefe que quiénes son ellos. Dice que terroristas de Irán, pero lo dice en broma, no suelta prenda. Me amarra los tobillos con una tela. Me ordena que ponga las manos atrás, antes me pide mi reloj y una cadenita de oro herencia de una tía. Se las doy. Al apretar, la tela se rompe. Toman una agujeta de mi zapato y con eso me atan las muñecas.

El conductor me carga como un bulto. El otro saca varios montones de cartones de huevo de la cajuela, los coloca cuidadosamente sobre la hierba. Me avientan a la cajuela. Me ponen en la cara una sudadera roja, aterciopelada, con capucha y jareta, con un letrero pequeño de Santander que traía yo en el coche. Supongo, porque no puedo ver, que la camioneta va por un camino rural –monte–, pero no puedo ver. Después de dos o tres kilómetros se detiene. El delincuente que va manejando dice a alguien que está afuera del auto (refiriéndose a mí, supongo): “Trae bala”. Oigo que se baja el que me disparó. El tercero, que está afuera, ordena: “¡Regrésala, regrésala, regrésala!”

El conductor da la vuelta. En la radio se escucha información sobre la reunión de gobernadores y las declaraciones del presidente Felipe Calderón y sus promesas de acabar con la inseguridad.

Después de un silencio largo, de nuevo le pregunto a mi captor si me va a matar. Dice que no. Le digo que no le creo. Me lo jura por su madre, me dice que me va a dejar la camioneta y me va a dar las llaves para que me vaya.

De pronto detiene el auto, abre la cajuela, me desata, me da las llaves de la camioneta y me dice que siga derecho hasta el Distrito Federal. Yo arranco a toda la velocidad que puedo, miro por el espejo retrovisor cómo se va mi secuestrador, caminando muy orondo con la capucha de mi sudadera en la cabeza.

Me preocupa que hayan contactado con mi familia y la estén chantajeando. Me doy cuenta de que no se llevaron mis tarjetas de crédito, del IFE ni la licencia. Busco el celular; sí se lo llevaron. Y también mi laptop.

Antes de llegar a la carretera veo a un taxi con gente, disminuyo la velocidad y le pregunto al conductor por dónde llego a México. Me dice que al encontrar la carretera dé la vuelta (creo que) a la derecha y así lo hago.

Hay mucho tránsito en la ciudad. Pasa como una hora antes de que logre llegar al hospital Médica Sur. Estaciono la Tracker (sin vidrio del lado derecho, el que me disparó lo había quitado hace mucho, supongo que para evitar suspicacias de alguna patrulla que pudiera pasar).

Entro a urgencias, explico que tengo una bala, que me dispararon, que me presten un teléfono para llamar a mi esposo. Jaime está en casa, nadie le habló ni lo chantajearon. Le digo que estoy bien, que estoy en el hospital, que me rozó una bala, que vaya.

Me llevan en una camilla. Pido hablar con un agente del Ministerio Público, pues sé que cuando hay un caso como el mío el hospital tiene obligación de reportarlo y supongo (creo que así era antes) que siempre hay un agente cerca para tomar una declaración.

Por otro lado, como he leído bastantes novelas policiacas y visto películas y programas de televisión de este género, sé perfectamente (es muy lógico) que las primeras horas después de un crimen son las más importantes para atrapar al criminal.

En mi caso, los datos de la carretera, el camino rojo de terracería, las huellas de la camioneta, los cartones con huevos, la sudadera roja brillante en manos del secuestrador (o en su cabeza), la laptop con marca y número de serie (que tengo más o menos a la mano),donde además hay una conferencia que estaba editando y otros muchos trabajos y registros fotográficos, etcétera.

Pero no hay agente del Ministerio Público localizable. Pasan tres horas antes de que me lleven al quirófano. Tras operarme para retirar la bala, el hospital envía ésta junto con un reporte a la delegación Tlalpan 2.

A la mañana siguiente, mi cuñado y agente de una aseguradora nos comenta que es necesario levantar un acta para hacer efectivo el seguro que tenemos contratado con la compañía que él representa.

Llaman por teléfono al Ministerio Público. Nadie puede ir al hospital a tomarme declaración. El reporte y casquillo de bala que enviaron los médicos lo tiene seguramente algún empleado cuyo turno de 24 horas terminó en la madrugada y no regresará hasta 48 horas después (así son los turnos, según nos enteramos azorados).

Burocracia e ineficiencia

Nadie en el Ministerio Público tiene acceso a ese reporte, si bien el hospital tiene una copia. Mi cuñado y mi hijo van entonces a Tlalpan 2. Allí les dicen que tienen que ir a otra delegación que está en el Ajusco. En ésta argumentan que adonde hay que declarar es en Tlalpan 2. Mi cuñado insiste, suplica, se enoja, regaña y logra que le den un formulario que mi hijo llena declarando lo que le narré.

Hay sólo dos abogados y finalmente un agente judicial acepta ir a tomarme una declaración directa, pero tienen que ir en su patrulla. Suben los tres al vehículo. Hay mucho tránsito.

A poco de andar, el auto se detiene: se le acabó la gasolina; el judicial del turno anterior dejó la patrulla casi sin combustible. Mi cuñado y mi hijo se bajan a empujarla hasta la gasolinera.

El judicial saca las monedas que tiene y pide 60 pesos de gasolina, mi familia se coopera con otro tanto. Después de una hora llegan al hospital.

Le digo al judicial que me da la impresión de que esos delincuentes operan allí, en esa zona del Ajusco, entre el DF y el estado de México, le doy los datos que acabo de escribir arriba.

Me dice que ya ha habido otras denuncias, que los secuestradores son de por allí, que la policía tiene retratos hablados de ellos.

Y yo le pregunto: “¿Por qué no los atrapan?” “Estamos tratando”, responde sin convicción. También le pregunto si sería posible recuperar mi laptop. Es mi instrumento de trabajo y contiene información valiosa sólo para mí. “Uh, es muy difícil –responde–; suelen venderlas en un tianguis muy grande que se pone los domingos por allí o las llevan al Monte de Piedad”. “Pero si tengo el número de serie…”

El judicial niega con la cabeza (se le ve triste, impotente, derrotado de antemano). Me dice que me llamarán en la semana para que amplíe mi declaración, se despide y se va.

Me pregunto si serviría de algo que yo hiciera personalmente la investigación, que fuera a buscar el tianguis que se pone “por allí” los domingos, y con mi herida de bala que afortunadamente casi no me duele (pero estoy con suero, en el hospital, el cuarto con amigos y familia que llegan a visitarme). Más tarde prendo la tele, busco noticias entre la saturación de programas sobre las Olimpiadas.

Un dato más que olvidaba: si bien el secuestro ocurrió en el estado de México, decidimos no especificar esto, pues nos advirtieron que en ese caso tendríamos que ir a declarar a dicha entidad, aun cuando no sabemos si adonde me llevaron era DF o no.

Como ciudadana, exijo:

–Que siempre haya disponible un agente del Ministerio Público para tomar declaraciones en hospitales.

–Que la policía se movilice inmediatamente después de una denuncia y de forma coordinada para buscar a los criminales. Las primeras horas después de un crimen son cruciales para encontrarlos.

–Que además de a los criminales, busquen el cuerpo del delito.

–Capacitación de la policía, inspectores preparados que puedan pasar de una demarcación a otra haciendo su trabajo sin que se les obstaculice, sino al contrario. Pienso que si los miembros de la policía leyeran y estudiaran novelas policiacas como la ya clásica mexicana El complot mongol, de Rafael Bernal; o las de Paco Ignacio Taibo II, cuyo protagonista es Belascoarán Shayne; las del sueco Mankel, que tienen al policía Wallander; las clásicas de Agatha Christie, el inspector Poirot, la serie televisiva inglesa Inspector Moore, etcétera, esto les ayudaría a levantar el ánimo y a entender la importancia de su trabajo.

–Cárceles modelo en las que puedan rehabilitarse los criminales.

Quiero escribir también que estoy en contra de la pena de muerte, que no tengo deseos de venganza, que es necesario que estos delincuentes estén en la cárcel, que tengan una sanción ejemplar pero conforme al estado de derecho –cadena perpetua, quizás–, que trabajen en la cárcel para pagar los gastos que implica estar en una prisión, que se les rehabilite en la medida de lo posible (en ciertos casos deberán permanecer encerrados porque son sicóticos peligrosos e incurables), que se haga investigación sociológica, sicológica, antropológica que permita conocer mejor cómo es que estas personas se convierten en criminales, qué pasa en esta sociedad.

Ellos son el lado oscuro de ella, la sombra de una cultura y de un modelo político y económico inequitativo y generador de miseria que tiene que cambiar ya.

Por lo pronto, sugiero a quienes transitan por esta carretera que, repito, va, desde la ciudad de México, de la desviación hacia Toluca por la carretera del Ajusco, hasta Jalatlaco, y luego la continuación de la Marquesa (yo venía al revés, hacia el Ajusco). Allí operan los secuestradores impunemente. Es muy posible que al día siguiente de mi “episodio” con ellos hayan vuelto a delinquir y tengan ahora secuestrado a alguien –sin bala, al menos en lo que les entregan el rescate.

*Marta Alcocer es videasta, escritora y ecologista. Se declara amante de la vida y sumamente apenada por lo que ocurre en México

Agosto 12, 2008

El General Resistió los Cañonazos, Resultado: Lo Remueven

Para que veamos que del dicho al hecho hay mucho trecho, y que los spots de la Presidencia son puros fuegos de artificio, veamos la siguiente nota de la columna Dinero de Enrique Galván del 12 de Agosto de 2008.

“El general de división Sergio Aponte Polito fue hasta hace unos días comandante de la segunda Región Milita; abarca los estados de Sonora y las dos Baja Californias. Emprendió una batalla muy fuerte contra el hampa, abrió una línea telefónica para que el público hiciera denuncias, asestó varios golpes a la delincuencia, y, algo importantísimo, se ganó la confianza de las familias y los hombres de negocios. Pronto se dio cuenta de que algunos funcionarios de la procuraduría de justicia de Baja California (norte), estaban coludidos con los hampones y los denunció en una comentada carta que publicó en la prensa local. El balconazo provocó el enojo del gobernador panista José Guadalupe Osuna Millán, pero el militar le contestó con pruebas abundantes. No fue la primera fricción. En febrero de 2007, cuando otro panista, Eugenio Elorduy, aún gobernaba la entidad, el jefe militar responsabilizó a su administración de proteger al narcotráfico. Elorduy, multimillonario, temporalmente está en la banca, es de la gente de Santiago Creel. En cambio, Lupillo Osuna Millán es de los cercanos a Felipe Calderón. ¿Cuál creen que fue el epílogo de la escaramuza? ¿Abrieron juicio político al gobernador, llamaron a cuentas al ex gobernador, iniciaron un expediente contra los funcionarios a los que denunció? No, nada de eso. Quitaron al general. El día primero de este mes recibió notificación de que debería salir de Baja California –a la voz de ¡rompan filas!– y concentrarse en la ciudad de México… hasta eso que lo removieron con elegancia, fue nombrado presidente del Supremo Tribunal Militar. Sucesos como éste nos muestran la distancia enorme que existe entre las palabras y los hechos. Un general que resistió los cañonazos de la corrupción fue removido porque estorbaba a los funcionarios del gobierno panista bajacaliforniano. Cotejado con la realidad, el discurso del secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, ayer, anunciando nuevas acciones contra la delincuencia, el secuestro en particular, suena hueco. Es más o menos lo mismo que dijo Vicente Fox cuando presentó su programa de 10 puntos después de la marcha ciudadana de junio de 2004. Pasaron cuatro años y la situación está peor.”

Agosto 7, 2008

Las Estúpidas Declaraciones de Eduardo Sojo

¿Por que nos mienten los funcionarios?, ¿Realmente creerán que somos estúpidos o subnormales? Eduardo Sojo declaró que “en México tenemos la gasolina al precio más económico, seguramente, de casi todos los países del mundo”.
En una rápida búsqueda en internet, pude recabar la siguiente información, acerca de los diez países con gasolina más barata en el mundo. La información es la siguiente:
Precio de Gasolina por litro en dólares y pesos mexicanos:


Tomé el dólar a 10.05 pesos mexicanos, como cerró en la jornada del 6 de Agosto de 2008, según el diario El Economista.
Hice un gráfico el cuál corresponde a los anteriores datos:

No olvidemos que la gasolina magna en México está aumentando mensualmente 7 centavos y 6 centavos la gasolina premium.

Y todavía hay otros países con precios más bajos en la gasolina que México, tales como: Rusia, Panamá, Sudáfrica, etc.
“Sojo había afirmado también que el alza en el precio de la gasolina que se registra en nuestro país ‘es gradual, por lo que la afectación (a la economía de las familias) no será muy importante’, lo que es otro engaño. El flamazo hace que los precios de todas las mercancías suban”. Nos dice Enrique Galván en su columna Dinero de la Jornada del 7 de agosto de 2008.
¿Por qué se empeñan los funcionarios en igualar los servicios a los precios internacionales más altos del mundo? Mientras que los salarios de los mexicanos están en los suelos, y el desempleo y el subempleo también, creo que estos están peor que los porfiristas.

Agosto 2, 2008

Adiós a Víctor Hugo Rascón Banda

Archivado en: Víctor Hugo Rascón Banda — macariohg @ 4:37 pm
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Foto: Lucero González

Murió el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda [Uruáchic, Chihuahua, 1948] escritor de más de 50 obras de teatro, guiones cinematográficos y de televisión; los cuales fueron motivados por la indignación, la injusticia, el dolor y la pasión, según una nota de Carlos Paul de La Jornada. Esperemos que ahora Víctor Hugo se encuentre en un mejor lugar, que en este mundo de fraudes electorales, violencia, aumento de precios, ventas de garaje de PEMEX y lo que quede.

Foto: Carlos  Cisneros

El también gran escritor Carlos Montemayor, paisano y amigo entrañable de Rascón Banda, se expresó así de su amigo:
“La amistad es una fuerza profunda que afirma a la vida, la fortalece; la amistad hace crecer al amigo, lo engrandece, lo hace más profundo, más firme. Su secreta urdimbre, su poderosa fuente es una forma de generosidad que no cabe en la sencillez de un limitado ser humano, de una solitaria persona”, sostuvo.
“Somos parte de nuestros amigos. Nuestro orgullo y nuestra vida se cumple también con la fuerza y la obra de nuestros amigos. Por ellos podemos sentir que nuestras vidas trabajan juntas, se abren paso en la delicada luz que nos baña el pensamiento y la emoción mientras vivimos”.
Dirigiéndose en forma imaginaria al dramaturgo, Carlos Montemayor concluyó: “Víctor Hugo, entrañable amigo, me enorgullece y te agradezco que hayamos compartido nuestra tierra natal, nuestro país, nuestra generación; que hayamos coincidido en el tiempo, en el fulgurante espacio de la vida que cada uno de nosotros ha ocupado, que seguirás ocupando hasta que el eco de nuestra última pieza termine o, quién sabe, hasta que el eco de otras fiestas nos recuerde y recupere o lejos instantes nos presientan”.

Adiós a Alejandro Aura

Archivado en: Alejandro Aura — macariohg @ 4:11 pm
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Esta semana fue bastante triste y difícil para el mundo de la cultura y la inteligencia, murió el poeta y promotor cultural Alejandro Aura, además de Víctor Hugo Rascón Banda. Era una delicia verlo en los programas de televisión compartiendo interesantísimas discusiones con el Dr. Ernesto de la Peña, el también recién desaparecido Víctor Hugo Rascón Banda, José María Pérez Gay y otros destacados intelectuales, en una televisión que se disfrutaba y parece que está vedada para los televidentes regiomontanos y de otras regiones del país.
En el último post de su blog (http://www.alejandroaura.net/wordpress/), tal vez su esposa pone el último post:
Hoy a las cuatro y media de la tarde, de Madrid, Alejandro se fue y en este blog que le hizo seguir adelante cada día nos dejó sus palabras para siempre.

Vuelvo a publicar su poema de DESPEDIDA
DESPEDIDA
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.

Si leen los comentarios de este último post, hasta el momento de escribir estas líneas eran 562, podrán ver lo conmovedores y el amor que la vida de Alejandro sembró. Cuantos de nuestros capitanes de la industria (como mamonamente les dicen sus panegiristas-disculpen, pero no encontré una palabra más adecuada-), sargentos y cabos de la industria, podrían despertar este amor en el pueblo, ninguno.

Entretanto, en esta yerma región, nos quedamos como hemos estado desde hace tiempo, sin alternativas en la televisión regiomontana, con los programas para retrasados mentales de Chafana, el cacique de caciques Roberto Hernández Junior, o como le dicen los barberos y lambiscones: Don Robert. Además de toda la caterva de cronistas deportivos que estupidizan a la población, los noticieros manipuladores de quien los lambiscones llaman el teacher López Dóriga, etc. etc. ¡Viva la ignorancia! ¡Los intereses de los poderes fácticos están a buen resguardo! Discutamos quien es mejor o peor, los Tigres o los Rayados, entretanto el gobierno federal vende a PEMEX, a quien lo llevó al poder ¡Haiga sido como haiga sido! (léase fraude).

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