- La herencia del 2006 no es sólo la profundización de las grandes divisiones políticas sino el incentivo para ganar el 2012 vía la creación de un “pánico moral”
Por Lorenzo Meyer
Tomado de Agenda Ciudadana
Heridas y cicatrices
Por sí mismos y en condiciones normales, dos spots televisivos no pueden dividir a una sociedad. Sin embargo, en condiciones de confrontación, distorsión informativa y debilidad institucional, sus efectos pueden ser demoledores y México es un ejemplo perfecto.
En la memoria política de los individuos y de las colectividades, los agravios pasados siempre dejan cicatrices; es inevitable y es parte del proceso de aprendizaje. Esas cicatrices -por ejemplo, la causada en la memoria colectiva mexicana por la guerra con Estados Unidos- forman parte de su historia, de su personalidad y, a veces, hasta de su orgullo o vergüenza pero no impiden su desarrollo normal. No obstante, cuando el agravio aún es herida abierta, entonces es un obstáculo para la convivencia normal y constructiva. Ése es todavía hoy el caso del proceso electoral del 2006 en México. Para la izquierda mexicana, o simplemente para aquellos que realmente se consideran comprometidos con los principios y objetivos de la democracia política, se van a requerir años y algo más para hacer de esa herida -la manera en que se llevó a cabo la campaña electoral y la forma en que se procesó la elección- una mera cicatriz. En cualquier caso, el evento y sus consecuencias quedarán registrados en la memoria histórica de nuestro proceso político de manera similar a lo ocurrido en 1988 en el caso de Cuauhtémoc Cárdenas, en el de Miguel Henríquez en 1952, en el de Juan Andrew Almazán en 1940 o de los acontecimientos potosinos de 1961 y 1991 en torno al movimiento democrático encabezado por el doctor Salvador Nava. (más…)


