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“Democracia televisiva es la muerte de la democracia”: Jean Robert

septiembre 16, 2008

El estudioso suizo, investigador de la UAEM y autor de La traición de la opulencia , considera que en el país “hay ahora un tipo de corrupción que llega hasta las almas; una pérdida de la dimensión humana”.

Elio Henríquez, corresponsal (La Jornada)

Publicado: 16/09/2008 12:18

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 12 de septiembre. Para el estudioso de origen suizo, Jean Robert, considerado el fundador del movimiento ecológico, “el sueño de autonomía zapatista en México es una esperanza frente a la descomposición, a la pérdida de legitimida del aparato político y la corrupción galopante”.

Arquitecto egresado del Instituto Polítitécnico Federal de Zurich, Alemania, y radicado en México desde hace más de 35 años –es catedrático de la Universidad Autónoma de Morelos, donde imparte cursos sobre las teconologías alternativas, urbanismo y arquitectura- Jean asegura en entrevista con La Jornada que Los Caracoles, más que un sueño, son un modelo, pero advierte que “hay fuerzas que lo quieren descarrilar, aplastar”.

Agrega que no cree en la “democracia televisiva porque es la muerte de la democracia”, al tiempo que manifiesta: en el país “hay ahora un tipo de corrupciòn que llega hasta las almas, una pérdida de la dimensión humana”.

Robert llegó a esta ciudad para participar en las actividades del 19 aniversario de la fundación del Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de las Casas, “matriz” de la Universidad de la Tierra Chiapas, el Centro de Estudios, Información y Documentación Immanuel Wallerstein, el Centro Universitario de Filosofías y Teologías Contextuales Samuel Ruiz García, el Centro de estudios y prácticas sobre la disciplinariedad, pluriversalidad y ecologías de saberes, de temporalidades, de reconocimientos, de escalas y producciones, y a la sociedad cooperativa de productores SIAS-Chiapas, que forman parte todos del Sistema Indígena Intercultural de Aprendizajes y Estudios “Abya Yala”.

Robert cerró los trabajos con la conferencia titulada La obra de Iván Illich y el neozapatismo. Entrevistado después de su disertación, sostuvo que en los cinco Caracoles zapatistas que funcionan en Chiapas “hay un proyecto de organización política a partir de las comunidades y de relaciones reales entre gente”.

– ¿Le ve futuro al zapatismo? –se le pregunta.

Parafraseando a Iván Illich, con quien tuvo una relación cercana, responde: “Al norte del futuro queda la esperanza; yo veo que hay muchas fuerzas que lo pueden hacer descarrilar, aplastar, pero mantengo abierta la esperanza, es un proyecto de organización política a partir de las comunidades, de relaciones reales entre gente.

Con voz pausada, añade: “La democracia tiene que restructurarse en pequeñas comunidades, en pequeñas unidades, y yo veo que los zapatistas hacen eso. Para mí Los Caracoles son más que un sueño, un modelo que permite… Bueno, yo creo que la acción cívica muchas veces trata también de reconstruir esos espacios locales. La política originalmente es el interés en la propia ciudad, polis, es el interés en cosas inmediatas del barrio cuando el sistema político nos permite tomar acciones inmediatas sobre el espacio inmediato”.

Manifiesta que él no cree que haya “más credibilidad en el sistema político (mexicano) tal como se ve aunque no rechazo completamente ni la democracia representativa ni las instancias ni el principio de la ley; soy una especie de anarquista legalista y creo en el proceso jurisprudencial”.

Y creo, añade el autor de La traición de la opulencia, que el movimiento zapatista tiene dimensiones jurisprudenciales, están creando en base a nuevas relaciones. “La autonomía es crear condiciones para vivir sobre las propias reglas. La autonomía tiene un aspecto jurisprudencial”.

Silvia Marcos dice que “el tema central de Robert es la autonomía que se gana, el poder inmediato que se toma sobre los espacios habitados, un poder, cree él, que sólo se puede fortalecer fuera de las instituciones paralizantes del Estado-Providencia moderno y de sus irrealistas promesas”.

Nacido en Suiza en 1937, Jean confiesa que tuvo “cierta esperanza en el cambio (de gobierno) en el 2000 y he visto que ha sido un cambio para peor. Sin opinión partidista eso es lo que veo y la gente ya no cree en la política; entonces para ciertas personas es una incitación a la acción cívica, y dice ‘hay que ocupar espacios que ya no sabe ocupar el poder’ y se lanzan a la acción cívica; otros dicen ‘ya no vale la pena, no podemos hacer nada’, hay una especie de desencanto.

Robert señala que desde 1996 en que asistió a dos encuentros zapatistas en la comunidad de La Realidad, vio que “habia sustancia” en el movimiento. “Y eso también tiene que ver con una cultura dominada que trata de ponerse de pie otra vez, un orgullo de ser lo que es uno y no tener miedo de seguir siendo lo que es uno a pesar de todas las discriminaciones sociales. Es una opción peronal, porque en México todo el mundo puede desindianizarse si lo quiere pero hay gente que quiere seguir viviendo de esa forma y cada vez más”.

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