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El Teletón: la otra cara de la moneda

noviembre 25, 2008

Por María Teresa Jardí

Yadira Medina Holl reconoce que la manipulación y manejo de las emociones, que se hace a través del Teletón, ha rendido sus frutos. En 10 años el Teletón ha recaudado fondos para la construcción de 11 CRIT -Centros de Rehabilitación Infantil Teletón- y van por más.

Ha apoyado a muchas instituciones de beneficencia pública. Ha favorecido a miles de personas con capacidades diferentes y a sus familiares. Ha unido en torno suyo a la mayoría de los medios de comunicación masiva –radio y TV– así como a miles de mexicanos que han creído en el proyecto.

El éxito de Teletón se debe a la estructura y personal con los que cuenta Televisa, así como a su diseño y concepto. Es como una fiesta o un juego en el que todos salen ganando.

Ganan los medios de comunicación con la publicidad pagada de las empresas que lo patrocinan y de otras que se anuncian ese día.

Ganan las empresas patrocinadoras con el aumento de las ventas de sus productos Teletón y con su imagen de benefactores por el hecho de donar un porcentaje del producto de sus ventas.

Ganan los conductores, artistas y comediantes quienes aunque, se supone, no reciben pago alguno –¿o sí?— a cambio se promocionan y proyectan su imagen para tener más “rating” y vender posteriormente más caro su talento.

Ganan los donadores que obtienen de manera personal un recibo para deducir sus impuestos.

Ganan los niños y sus familiares que serán atendidos en los CRIT.

Ganan los bancos con los miles de depósitos que se realizan durante esos días de dinero disponible para sus transacciones.

Ganan los televidentes y el público que asiste a las plazas a disfrutar la actuación de los artistas. Y gana Televisa con dinero y trabajo ajeno.

Pero está la otra cara de la moneda, la que debido a la manipulación mediática muy pocos vemos.

LO FALSO: el altruismo de las firmas empresariales y donadores que lo deducen todo de sus impuestos. Su aportación es nula ya que son los impuestos que deberían pagar a hacienda. Por lo tanto es un dinero que el Estado deja de recibir y que podría servir para los programas de desarrollo social como salud pública, educación, vivienda, seguridad, empleo, etc. De modo que aporta más un asalariado que dona 100 pesos que un empresario que da 100 mil y los deduce de sus impuestos, pero estos últimos son los mencionados y aplaudidos durante las emisiones del Teletón.

LA MENTIRA: Televisa no dona nada porque todos los gastos que ocasiona el montaje del show se pagan de un porcentaje que destina la fundación Teletón para gastos de la campaña que se despliega desde meses antes y sí gana con la propaganda comercial y los impuestos que deduce como Fundación Teletón.

LO LAMENTABLE E INDIGNANTE: Los spots para mover las emociones se basan en la explotación mediática de las incapacidades y deficiencias motrices, sobre todo de los niños, y el sufrimiento de los padres, de un modo sensacionalista.

LO ENGAÑOSO: El Teletón poco ayuda a la creación de una cultura de verdadera participación cívica y responsabilidad compartida y el mensaje que se envía, sobre todo a los jóvenes, es que la filantropía es una simulación; que la solidaridad es un show bisness: “ganas tú, gano yo” y que la participación social es una fiesta, un relajo, una diversión. De modo que los valores asociados al altruismo aparecen mentalizados, superfluos, triviales, carentes de un planteamiento filosófico y humanista.

En resumen, el Teletón contribuye a reproducir la cultura de la simulación y la doble moral –impulsadas también por el PRIAN– que tanto daño está haciendo a muestro país.

Y, por otro lado, y este es el meollo del asunto, la salud es un derecho humano fundamental, que al lado de otros como: la educación, el empleo, la vivienda y la alimentación, conforman el estado de bienestar que el Estado está obligado a garantizar para todos sus gobernados, justificación –junto con la obligación de garantizar seguridad nacional, pública y jurídica, añado yo– de la existencia de los gobiernos, responsabilidad que va siendo delegada poniendo las obligaciones de los gobernantes –señaladas por la Constitución– en manos de los particulares que convierten los derechos de los gobernados en su particular negocio.

La educación cada día se privatiza más, sobre todo la educación superior a la que tiene acceso un porcentaje muy escaso de los estudiantes-aspirantes. La atención a la salud se regatea en las instituciones públicas que aún subsisten y en cambio se construyen hospitales de tercer nivel para los que pueden pagar. ¿Para qué sirven nuestros impuestos? –para el rescate de bancos, carreteras, ingenios azucareros, etc., y para regalarle a Televisa 32 millones anuales a lo largo de diez años, como va a suceder en Yucatán, añado yo, sin que a los yucatecos se les haya consultado antes.

Y como gobernantes y la telecracia sólo entienden el idioma del dinero no dar ni un peso al Teletón es un acto de amor a México, también añado yo.

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