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Anular también es votar

junio 26, 2009

Ximena Peredo
El Norte, 19 Jun. 09

Si conoce a algún candidato que sea trabajador, valiente y honrado, y que además anteponga el bienestar de la comunidad ante cualquier otro interés, háganos un favor a todos y vote por él o ella.

Pero si, por el contrario, la oferta de candidatos y la conducta de los partidos políticos le frustra de tal manera que está pensando en dejarlos plantados el 5 de julio, le suplico reflexione en la posibilidad de protestar activamente, votando por ninguno.

Nuestro voto ha perdido significado vertiginosamente. Podemos decir que tenemos apenas 15 años de elecciones libres y, sin embargo, cada elección salen menos personas a sufragar. ¿De verdad somos tan displicentes los mexicanos?, ¿somos tan indolentes como algunos lo afirman?
El abstencionismo, aunque es difícil asegurarlo, está ligado al desencanto de una democracia que se quedó en su mínima expresión: elecciones limpias y alternancia partidista, sin que obliguen a la rendición de cuentas o a la representación de la voluntad popular.

Para muchos, no quedan claros los beneficios de una democracia electoral que sólo sirve para legitimar el reparto del poder entre una clase política. Votar por un color u otro es indistinto y esto subraya la crisis ideológica por la que atraviesan los partidos políticos.

En este escenario, la intención del voto la definen trivialidades como el aspecto del candidato, los regalos que llevan a su puerta o, peor aún, las amenazas. Muy pocos ciudadanos ven utilidad en estudiar las propuestas y las plataformas políticas de los candidatos y los partidos, pues consideran que en la práctica todos operan como una mafia que gestiona, abusando del poder público, beneficios para sus leales.

Anular también es votar. Es un voto difícil, triste, podría decirse, porque evidencia una crisis extrema del sistema de partidos que ningún ciudadano en sus cabales desea. Los partidos son necesarios e indispensables para el juego democrático, pero vale la pena preguntarse qué tan democrático es votar por algún partido que no ha sumado méritos para ganar nuestra confianza. ¿Qué tan irresponsable es, de nuestra parte, votar por un candidato que no nos convence? ¿No estamos restándole más significando a nuestro derecho a votar?

Ésta es la última trampa de los partidos. Luego de no poder convencer a la mayoría de los empadronados, me refiero a los abstencionistas, arremeten contra los movimientos ciudadanos que han surgido en todo el País y que promueven la anulación del voto como protesta activa contra los vicios del sistema de partidos. Se han lanzado, sin saber bien a bien contra quién, a tildar a estos movimientos de apátridas, reventadores y ultraderechistas, desesperados por ver que este movimiento sin rostro crece conforme suceden los días de las insulsas y derrochadoras campañas.

Sin embargo, hay voces honorables que, suscribiendo las razones del hartazgo contra los partidos, no se deciden por anular su voto. Una de sus principales preocupaciones es que el voto clientelar tome la decisión por todos nosotros. Creen que al anular se corre el riesgo de bipartidizar la vida pública del País. Entiendo la preocupación. Si el voto reflexionado lleva a muchos a anular sus boletas es probable que ocurra el escenario que algunos prevén, sin embargo, una anulación masiva podría estimular a todos los partidos, incluidos pequeños y de Oposición, a revisarse y renovarse, para lograr convencer con méritos en el 2012.

Otras voces ciudadanas temen que todo este movimiento de anulación se centre sólo en un ánimo de protestar y de poner en crisis al sistema. Varias organizaciones ciudadanas sustentan su protesta en demandas democráticas como campañas más cortas, austeras y limpias, partidos obligados a la Ley de Transparencia, candidaturas independientes en Congresos locales, votación directa por regidores sin partido en los Ayuntamientos y la inclusión de una casilla en blanco en las boletas electorales, que reconozca el derecho de votar por ninguno.

Nulo es un voto irreflexivo. Todo voto otorgado en conciencia es válido y fortalece la democracia.

ximenaperedo@yahoo.com.mx

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