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Tendencia suicida

agosto 23, 2009

Leonardo Boff

Leo a los principales comentaristas económicos de los grandes periódicos de Río y de São Paulo. Aprendo mucho de ellos porque vengo de otro campo del saber. Pero, en mi opinión, continúan aplicando la cartilla neoliberal que los dispensa de un pensamiento más crítico. Todavía manejan la interpretación clásica de los ciclos del capitalismo después de la abundancia, sin darse cuenta del cambio sustancial del estado de la Tierra ocurrido en los últimos tiempos. Por eso noto en ellos cierta ceguera paradigmática. Comentan la crisis que ha irrumpido en el centro del sistema y señalan el desmoronamiento de sus tesis maestras, pero siguen con la creencia ilusoria de que el modelo que nos ha traído la desgracia todavía nos puede sacar de ella.

Esta visión miope les impide tener en cuenta los límites de la Tierra, que imponen límites al proyecto del capital. Tales límites han sido sobrepasados en un 30%. La Tierra da claras señales de que no aguanta más. Es decir, la sostenibilidad ha entrado en un proceso de crisis global.  Crece cada vez más la convicción de que no basta hacer correcciones. Estamos obligados a cambiar de rumbo si queremos evitar lo peor, que sería ir al encuentro de un colapso sistémico.

El sistema en crisis, digamos el nombre —en términos de modo de producción es el capitalismo, y en los de su expresión política es el neoliberalismo—, responde fundamentalmente a estas cuestiones: ¿cómo ganar más con un mínimo de inversión, en el menor tiempo posible y aumentar todavía más el poder? Supone el dominio de la naturaleza y la desconsideración de las necesidades de las generaciones futuras. El pretendido desarrollo se ha mostrado insostenible porque, allí donde se ha instalado, ha creado desigualdades sociales graves, ha devastado la naturaleza y ha consumido sus recursos por encima de su reposición. En realidad se trata solamente de un crecimiento material que se mide por beneficios económicos, no de un desarrollo integral.

Lo grave es que la lógica de este sistema se contrapone directamente a la lógica de la vida. La primera es lineal, se rige por la competición, tiende a la uniformización tecnológica, al monocultivo, y a la acumulación privada. La otra, la de la vida, es compleja, incentiva la diversidad, las interdependencias, las complementariedades y refuerza la cooperación en la búsqueda del bien de todos. Este modelo también produce más bien para servir a la vida y no en exclusiva al lucro, y tiene como objetivo el equilibrio con la naturaleza, la armonía con la comunidad de vida y la inclusión de todos los seres humanos. Opta por vivir mejor con menos.

Paul Krugman, editorialista del New York Times, denunció valientemente (Jornal do Brasil 20/12/08) que no hay diferencia básica entre los procedimientos de B. Madoff que defraudó en 50 mil millones de dólares a muchas personas e instituciones y los especuladores de Wall Street que engañaron a millares de inversores y pulverizaron también grandes fortunas. Concluye: «lo que estamos viendo ahora son las consecuencias de un mundo que se ha vuelto loco». ¿Esta locura es coyuntural o sistémica? Pienso que es sistémica porque pertenece a la dinámica misma del capitalismo: para acumular mantiene a gran parte de la humanidad en situación de esclavos “pro tempore” y pone en peligro la base que lo sostiene: la naturaleza con sus recursos y servicios.

Cabe la pregunta: ¿no hay una pulsión suicida inherente al capitalismo como proyecto civilizatorio al explotar de forma ilimitada un planeta que se sabe es limitado? Es como si toda la humanidad fuese empujada hacia dentro de una corriente violentísima y ya no pudiese salir nunca de ella. Seguramente el destino seria la muerte. ¿Será el signo inscrito en nuestro actual ADN civilizatorio esbozado hace ya más de dos millones de años cuando surgió el  homo habilis, aquella especie de humanos que, por primera vez, empezó a usar los instrumentos en su afán por dominar la naturaleza, se potenció con la revolución agraria en el neolítico y culminó en el actual estadio de voluntad de dominación completa de la naturaleza y de la vida? Si sigue este curso, ¿hacia donde iremos?

Como somos seres inteligentes y con un inmenso arsenal de medios de saber y de hacer, no es imposible que reorientemos nuestro curso civilizatorio y demos más centralidad a la vida que al lucro, al bien común que al beneficio individual. Entonces nos salvaríamos in extremis y tendríamos todavía por delante un futuro que vislumbrar.

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