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LA “MANIPULACIÓN” DE LA OPINIÓN (II DE X)

mayo 23, 2010

Hugo Gutiérrez Vega

La Jornada Semanal

Un breve análisis del proceso de la información en nuestros días nos puede llevar a descubrir las técnicas de manipulación que lo caracterizan. En la moderna sociedad tecnocrática, los medios de información y de opinión buscan desorganizar los grupos sociales dominados a través de una sutil y bien organizada anarquía comunicativa. Este programa se realiza en todos los niveles de la información del mundo dominado por la ideología burguesa del imperialismo, y colaboran con él desde las todopoderosas agencias que manipulan las noticias, hasta las más pequeñas cadenas de periódicos provinciales. Consiste en organizar, en función de los intereses del grupo dominante, todo el aparato trasmisor de la información y en fomentar un sistema de dar noticias basado en la dispersión, la confusión y la atomización. Dice Armand Mattelart que “en la primera plana de un diario se yuxtaponen caóticamente los temas más complejos y distintos”. El lector pasa de una noticia a otra y se entera, a gran velocidad, de un acontecimiento deportivo, un terremoto en Asia Central, un bombardeo en Vietnam, la represión policíaca a una marcha de protesta o el asalto, por parte de las fuerzas del orden, a un local del sindicato de cañeros. Pretenderá el diario que su primera plana busca informar al público de una realidad totalizadora y polifacética, pero la noticia es, en esencia, algo atomizado, fragmentado y parcial. En este programa anarquizante se efectúa el aislamiento del hecho y la pérdida de su sentido más profundo. Sucede esto cuando se le cortan sus raíces y se le vacía del contenido que le da el contexto sociopolítico en que se ha realizado. Esta desinformación, que no sólo no colabora con la información, sino que deforma y enajena, nos está entregando una cómoda mentalidad conformista que nos evita el esfuerzo de intentar un análisis del mundo contemporáneo, nos acostumbra a la catástrofe y nos hace ver la injusticia, la crueldad, la explotación y el odio como aspectos irremediables de la normalidad cotidiana del mundo en que vivimos.

Por otra parte, es la clase dominante la que establece el criterio que fija la dosis informativa y la que mantiene la idea de que la prensa apenas informe un poco más allá de la mera anécdota aislada de su contexto. A veces, a través de la noticia que, como hemos visto, es en nuestro medio un producto comercial sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, nos llegan los efectos. Las causas permanecen casi siempre en la sombra. Sólo tienen acceso a ellas los contados elegidos que ejercen las funciones directivas en el seno de la clase en el poder. La noticia transcurre, además, en un plano donde lo cotidiano e inmediato generalmente impide, como afirma Vázquez Montalbán, no ya el conocimiento, sino inclusive la noticia de la realidad.

Vázquez Montalbán nos informa que, en la España franquista, de manera muy especial, la prensa estableció un orden de prioridades en la atención de los lectores. Conforme a esta estrategia, los acontecimientos deportivos y las aventuras elegantes de las actrices cinematográficas ocupaban un primer plano, mientras que las notas y comentarios de carácter político y sociológico se situaban en el plano más deleznable de la atención del llamado “público lector”. Una encuesta hecha en 1972 demostró que el espacio dedicado por la prensa española a la política nacional era de un 3.5%, el señalado para política internacional era de un cinco por ciento y el resto se ocupaba de deportes, publicidad, espectáculos, etcétera. De esta manera la prensa española sirvió a sus amos: el gobierno y la oligarquía económica, llevando a cabo el proceso de despolitización y estupidización del público, ente amorfo al que todo le deben los toreros, los boxeadores y los desganados futbolistas.

Por otra parte, los medios de comunicación, conscientes de que la opinión pública resulta cada día más inoperante, vaga e imprecisa, han optado por la especialización, dirigiendo sus mensajes a un público perfectamente determinado y fácilmente localizable. Dividen el público en sectores que responden a los intereses y preocupaciones de los distintos grupos sociales. De esta manera, las secciones de los periódicos se dirigen a los grupos interesados en deportes, espectáculos, “notas de sociedad”, modas, chismorreo político, etcétera.

(Continuará)

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