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LA “MANIPULACIÓN” DE LA OPINIÓN (IV DE X)

junio 6, 2010

Hugo Gutiérrez Vega

La Jornada Semanal Suplemento de la Jornada, 6 de Junio de 2010

Para descubrir algunas de las formas de la manipulación, es necesario enfrentarse al hecho de que en la sociedad burguesa, como afirma Mattelart, “el emisor de los mensajes es casi siempre difuso”, difícil de identificar socialmente. Para el lector de un periódico no resulta especialmente significativo el hecho de que una noticia haya sido proporcionada a un diario por alguna de las agencias internacionales. Tampoco parece importarle demasiado que las imágenes que aparecen en un programa noticioso de la televisión hayan sido trasmitidas por las cadenas informativas estadunidenses. El típico miembro de la sociedad consumidora de informaciones se contenta con recibir las noticias de lo que sucede en el mundo. No exige que los órganos informativos le proporcionen los distintos puntos de vista que puedan vertirse en torno a un acontecimiento. Si se interesa por determinada noticia, buscará ampliarla en las páginas editoriales de los periódicos. No podrá realizar este trabajo a través de los medios electrónicos. Éstos, generalmente, se limitan a informar, ya que en nuestra sociedad no se les ha señalado la obligación de que proporcionen interpretaciones u opiniones. Por esta razón, se puede concluir que los medios electrónicos, en lo que se refiere a la información, son considerablemente más autoritarios y manipuladores que los medios escritos.

Entre la espesa maraña electrónica, fotoeléctrica, cibernética, etcétera, a través de la confusa maquinaria compuesta por corresponsales, oficinas de agencias mundiales, cablistas, reporteros, periódicos, programa de televisión, conductores de noticieros, informaciones radiofónicas, locutores, aparatos políticos de control y de censura, agencias de publicidad, anunciantes, etcétera, no puede el receptor tener conocimiento de la realidad. A sus manos llegan las noticias después de haber sido objeto de un procesamiento que obedece a las más variadas razones de control y de manipulación. El pálido reflejo de la realidad le llega como una anécdota que lo dejará frío, impasible. Reaccionará sólo cuando la información afecte su estrecho círculo de intereses. En la mayor parte de los casos, las noticias sobre las guerras imperialistas y los conflictos sociales serán para el receptor típico algo irremediablemente lejano. El noticiario de televisión se preocupará por acomodar las noticias de acuerdo con el orden de intereses señalado por la clase dominante; evitará, valiéndose de las técnicas de la acumulación de las informaciones e impidiendo que entre noticia y noticia medie la indispensable transición, que el receptor reflexione sobre algún aspecto especial de una determinada noticia, y procurará que asimile las informaciones de una manera anecdótica que lo incapacita para ligarlas y relacionarlas con los aspectos profundos de las realidades políticas y sociales. En resumen, no podrá descubrir lo que Marx llamaba “la trabazón interna de la realidad”.

Esta carencia, que limita considerablemente su calidad de ser pensante, lo convierte en un ente aislado, reacio a cualquier forma de organización, privado de solidaridad, pusilánime y convencido de que el aislamiento y el individualismo son las únicas formas posibles de convivencia social. Este programa, en el caso de México, es reforzado por una intensa campaña que tiene sus raíces en la misma naturaleza de los prejuicios nacionales. Los estereotipos, fomentados por los medios masivos, indican que el hombre preocupado por los problemas sociales es un “agitador”. Un pie de grabado que apareció hace muchos años en el diario El Heraldo de México, en ocasión del acto público en el que se protestó por el golpe de los espadones chilenos y por el vil asesinato del presidente Allende, rezaba así: “Los agitadores de siempre.” En la misma edición del referido periódico aparecieron varias fotografías del acto de solidaridad con Chile organizado por el partido oficial. El diario no calificó de agitadores a los participantes en el acto del establishment. En el ejemplo anterior aparecen, de manera muy burda, los rasgos de la manipulación de la noticia. Esta característica hace demasiado obvio el análisis de esas técnicas informativas.

(Continuará)

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