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LA “MANIPULACIÓN” DE LA OPINIÓN (VII DE X)

junio 27, 2010

Hugo Gutiérrez Vega

La Jornada Semanal, suplemento del periódico La Jornada

Conviene olvidarse, por el momento, de los medios informativos que pertenecen del todo al sistema imperial, para analizar una de las presiones sufridas por los pocos periódicos independientes que aún respiran en el mundo actual. Me refiero a la representada por los anunciantes que constituyen un grupo de presión particularmente poderoso. Son pocos los periódicos capaces de resistir sus embates y de sobrevivir a uno de sus boicots. Ya en el año de 1954, en Estados Unidos, los periódicos recibían 2, 059 millones de dólares –equivalente al setenta por ciento de sus ingresos– por concepto de avisos comerciales.

En México, la mayor parte de los diarios dependen económicamente de los avisos comerciales. En su libro Aproximación a la prensa mexicana, Miguel Ángel Granados Chapa informaba que “ los periódicos destinan, normalmente, alrededor del cincuenta por ciento de sus páginas a la publicación de avisos” y que “un análisis realizado un día al azar demostró que el diario Excélsior publicó 51 mil 890 líneas ágata de publicidad, unas 23 planas, más 12 de aviso clasificado, esto es 35 en total de una edición de 64 páginas. Ese mismo día Novedades destinó a los avisos comerciales 22 planas del total de 48 , y El Heraldo 24 de un total de 56”. Para cualquier observador es fácil percatarse de la crisis por la que algunos diarios de distintos países de América Latina han pasado. Los anunciantes, enfadados por lo que llaman “tendencia socialista” del periódico, y por los ataques que en contra de la iniciativa privada lanzaban algunos de sus columnistas, decidieron presionar a los directores de las publicaciones retirando sus avisos. Esto indica que los representantes de la “libre empresa” han aprendido a la perfección las lecciones que el “maestro Powell”, de la Cámara de Comercio estadunidense, impartió en sus memorándum dado a conocer en 1972. En este frío, eficiente y cínico documento, el “sociólogo” comerciante indica que los enemigos más peligrosos de la libre empresa son los curas rebeldes, los maestros universitarios que critican cotidianamente al sistema y los periodistas que publican artículos discrepantes en las páginas de los diarios liberales.

La prensa y la información en general están sujetas, en nuestro medio, a la influencia directa de los controles imperialistas, a los designios del aparato estatal, a las presiones de las oligarquías nacionales, a los propósitos de las compañías trasnacionales y a la corrupción y oportunismo de un buen número de conductores de programas noticiosos y de directivos de periódicos y revistas. Tal multiplicidad de controles configura la imagen del círculo vicioso en el que gira un país dependiente. Un periódico “liberal” –aceptando sin protesta el sentido peyorativo de la palabra–, una estación radiofónica de carácter cultural o un programa de televisión que intente analizar el sentido profundo de una anécdota y religarla con el todo social, constituyen los débiles bastiones que defienden los últimos vestigios de la conciencia crítica.

Merece un párrafo especial la prensa crítica que, sin pretender competir en el mercado de la noticia, se dedica a promover un programa de análisis de la realidad sociopolítica y a fomentar la organización de las clases oprimidas. Algunos periódicos y revistas realizan esta tarea, que encuentra su mejor ejemplo en la prensa de los partidos políticos de distintos países europeos, en particular Italia. Sin embargo, ven limitada su esfera de influencia por el tumulto de empresas periodísticas mercantiles que se mueven a su alrededor y que difunden, con el estrépito acostumbrado, la ideología del sistema. Muchas veces la táctica del estrépito da mejores resultados a la burguesía que las usuales formas de censura y represión. En medio de la gritería histérica de la publicidad comercial y de las noticias trivializadas por los órganos informativos “integrados”, los mensajes de la prensa doctrinaria y crítica difícilmente pueden llegar a las grandes masas. Sin embargo, y a pesar de la espesa problemática que los rodea, es urgente que su voz permanezca defendiendo lo humano ante el permanente ataque del orden irracional.

(Continuará)

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