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La elección y las encuestas

julio 3, 2010

Artículo de Roy Campos publicado en el Economista

23/06/2010

Con las muertes del crimen organizado, con los pleitos políticos, esta semana decidí dedicarla a exponer algo que siempre me preocupa, y es la eterna lucha por explicar la correcta interpretación de las encuestas electorales y tratar de hacerlo sin fórmulas ni explicaciones técnicas.

La colaboración que decidí enviar esta semana poco tiene que ver con la coyuntura nacional, con el Mundial, con las muertes del crimen organizado, con los pleitos políticos, esta semana decidí dedicarla a exponer algo que siempre me preocupa, y es la eterna lucha por explicar la correcta interpretación de las encuestas electorales y tratar de hacerlo sin fórmulas ni explicaciones técnicas.

Ahora que se está realizando el censo de población en México justo es recordar que la Dirección General de Estadística tiene más de 120 años de existir, lo que irremediablemente nos lleva a la alta calidad que en nuestro país existe para generar datos confiables, comparados con ventaja con los que se generan en casi todo el mundo; esto viene a cuento porque ahora resulta que a los encuestadores dedicados a cuestiones electorales, además de que se nos exige rigidez estadística, cumplimiento de leyes a veces absurdas, respeto a estándares internacionales de ética y a algunos de nosotros ratificación del certificado de calidad ESIMM para pertenecer al gremio, además de todo eso, insisten en que debemos fungir como modernos oráculos y adivinar el futuro, llevo años insistiendo en esto y a veces me he topado con algunos colegas que al no ser formados en la ciencia estadística aceptan el reto de que sus investigaciones tienen que reproducirse en el futuro a riesgo de que de no hacerlo sean calificadas de falsas, inventadas o simplemente mal obtenidas (peor, aunque algunos encuestadores se vendan como el que más cerca estuvo entrando a una competencia de adivinadores más propia de la sección de horóscopos).

Carácter predictivo

A pesar de los muchos argumentos racionales, a pesar de que leyes electorales o códigos de ética obligan a advertir del nulo carácter predictivo de una encuesta preelectoral, cada que se acercan las jornadas electorales aparecen quienes amenazan a los encuestadores con la elección te va a demostrar que estás equivocado o recuerda que hace un año te equivocaste o argumentos parecidos. En este mismo espacio hace 15 días lancé una especie de reto con la pregunta como por qué creen que una encuesta preelectoral debe coincidir con el resultado de la jornada electoral

Reto que recoge Alberto Aguirre en su columna Signos Vitales, aunque con argumentos poco sólidos a mi manera de ver, obviamente no entra al aspecto estadístico que no es su campo, pero exige como periodista cierta certeza en los escenarios que plantea una encuesta y en eso tiene sólo algo de razón.

Las encuestas hacen sólo eso, plantean escenarios y de alguna manera permiten suponer cuál de esos escenarios es el más probable, por ejemplo, si un candidato va 5 puntos arriba de otro 15 días antes de la elección, sólo un tonto o un tramposo supone que la encuesta está pronosticando un triunfo, la encuesta sólo está diciendo que en ese momento (la famosa fotografía) la probabilidad de ese candidato de ganar es mayor que la del segundo lugar, ¿qué tan más alta es esa probabilidad?, dependiendo de la distancia, pero jamás se elimina la posibilidad de que pierda, de esa manera, cuando una elección no coincide en el ganador con las encuestas previas no es error de la encuesta, simplemente se debe a una de dos razones:

1) Los eventos de campaña hicieron modificar las preferencias (A contracorriente pregunta: ¿Tomará Roy Campos el fraude como eventos de campaña?) o 2) El resultado no coincidió con el más probable, lo que no es extraño en el campo de las probabilidades (¿quién no ha jugado lotería, melate o ruleta?)

Como sea, a pesar de tanta advertencia, sé que el 5 de julio habrá evaluaciones de las encuestas, como diciendo veamos quién pronosticó, olvidándose de que más de tres de cada 10 pesos que se gastan en las campañas se utilizan cuando ya no se levantan encuestas, (A contracorriente pregunta: ¿compra de votos?) obviando los operativos de movilización que los partidos utilizan el día de la jornada electoral, ignorando la etapa final de las campañas donde echan la carne al azador tratando de mover preferencias en favor o en contra, pero sobre todo mostrando la ignorancia de cómo leer correctamente una encuesta. Sé que mi lucha por explicar esto no es nueva y dudo que termine pronto, pero no está de más recordar de vez en cuando algunas frases:

-Las encuestas son relativamente buenas para estimar el presente y el pasado, pero son inútiles para medir el futuro.

-Las encuestas miden intenciones de voto, las elecciones se ganan con votos, la diferencia es grande, una intención es solo eso.

-Cuando se habla de X% de error con 95% de confianza, significa que una de cada 20 buenas encuestas tendrá un error mayor a X. Eso no la hace una mala encuesta, sólo hace que se confirme la teoría estadística. (A Contracorriente: Totalmente de acuerdo con Roy, pero en las encuestas del 2006, esto no ocurrió)

-Una encuesta se evalúa por su metodología, no por su resultado; la primera sí depende del que la diseña, en el resultado interviene también el azar.

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