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ENCUESTAS Y PRONÓSTICOS

julio 4, 2010

Por Roy Campos
Publicado en El Economista

No se preocupen, no voy a violar ninguna ley electoral poniéndome a recordar los resultados de alguna encuesta, ya estamos en el periodo de silencio que se impone a la información que generan los estudios de opinión que midan las preferencias electorales y que en mi caso desde hace años he decidido respetar aun sin estar completamente de acuerdo.

Este texto, fuera de calendario y de alguna forma espontaneo, intenta continuar con la cruzada que desde hace años tengo y con el debate que en este medio y en twitter se ha establecido con Alberto Aguirre (@aguirre_alberto) quien considera, desde el punto de vista de un periodista, que las encuestas preelectorales públicas tienen como una de sus funciones pronosticar el resultado que se dará el día de los comicios. Ya he explicado en muchas ocasiones la imposibilidad de que la estadística mida en una encuesta de opinión el futuro, también he explicado las diferencias entre un ciudadano y un votante o lo que es lo mismo entre una preferencia y un voto concluyendo que nadie gana por tener más preferencias.

Y dentro de esas explicaciones varias veces he argumentado que las encuestas no pueden predecir el comportamiento de los actores políticos, no es posible, aunque quisiéramos, estimar el efecto en las preferencias si no conocemos lo que hará cada partido. Y este texto lo quise escribir porque pocas veces como hoy podemos ejemplificar este hecho según lo muestro más adelante. Antes de seguir quisiera mostrar cierta extrañeza de una situación que me preocupa.

Entiendo de alguna manera la posición de algunos periodistas y analistas que dicen esperar la jornada para evaluar a las casas encuestadoras, tengo años reclamándoles por no leer todas las advertencias que por decisión propia a veces y por ley en otras ocasiones les hacemos, les escribimos y destacamos para que NUNCA crean que la encuesta se va a reproducir el día de la jornada, y a pesar de esa hacer caso omiso de esa advertencia nos reclaman los fallos que ellos tienen al tomarlas como pronósticos, pero de alguna manera los entiendo, su oficio exige información y para ellos la encuesta le debe generar eso, la información sobre quien ganará una elección.

Lo que si me preocupa y mucho, es que colegas encuestadores, en reuniones públicas o en textos, afirmen que la jornada califica a los encuestadores, aceptando con ellos su papel de adivinadores, me preocupa porque no entienden la materia de su trabajo, lo sobreestiman y le asignan poderes mágicos como modernos oráculos, e incluso preparan tablas comparativas de los resultados finales respecto a encuestas publicadas aunque saben que estas se aplicaron a población, en tiempos y en condiciones diferentes, la coincidencia tiene un grandísimo componente de azar. (Los candidatos y los partidos no me preocupan, ellos saben que no es pronóstico; al platicar con ellos escuchas argumentos como “vamos a cerrar fuerte” “vamos a recuperar muchos puntos con la estrategia de cierre”, “mediste un momento distinto a lo que ya corregimos” o cosas similares que muestran un entendimiento superior al de muchos colegas).

Uno de las leyendas que acostumbro anotar al entregar una gráfica de preferencia a clientes de la empresa a la que represento es algo como “las percepciones aquí mostradas reflejan el estado de ánimo y el nivel de conocimiento de la población al momento de la entrevista, por lo que estos resultados no tienen porqué replicarse el día de la jornada electoral”. No puedo ser más claro, las campañas intentan generar estados de ánimo y dar información al votante potencial, para de esa manera intentar modificar o mantener su preferencia; si ese ciudadano además decide ir a votar, lo haría por quien más éxito tenga en esa estrategia.

Pues bien, para poder difundir las encuestas electorales en los tiempos establecidos por la ley en la gran mayoría de los 12 estados donde habrá elecciones el 4 de julio, las encuestas se debieron levantar el fin de semana del 19-20 de junio (se pudo extender hasta el miércoles 23 pero con los gtrandes riesgos de entrevistar una mala mezcla de ciudadanos con fuerte carga de amas de casa o personas desempleadas que son las que están en sus hogares entre semana), pues bien, a partir del 21 de junio las campañas han vivido muchos momentos importantes y como encuestador he recibido para cada uno de ellos la pregunta “¿como crees que esto afectará los resultados?” “¿crees que esto favorecerá a este partido?” y cosas similares, es decir, cada evento se ha percibido como potencialmente importante en el resultado, veamos:

1) el lunes 21 inicia con gran difusión nacional y con refuerzos mediáticos grabaciones a gobernadores de varios estados donde habrá elecciones, grabaciones obtenidas cometiendo un delito pero de las que se destaca su contenido, además, argumentando que esas grabaciones son prueba de lo que pasa en todos los estados tratando de que su impacto sea nacional. Obviamente me llegó la pregunta ¿cuánto afectará el resultado?

2) Al candidato en un estado lo acusan con notas en la prensa de todos los estados, de viajar en un avión prestado por un empresario que a su vez acusan de lavado de dinero o algún delito similar ¿cuanto afectará esto el resultado?

3) Se acusa a dos candidatos a gobernador de no haber nacido en México ¿cuanto afectará esto el resultado?

4) Se anuncia y se presume, a pocos días de la jornada, de la “eliminación” de un impuesto como la tenencia, que a su vez se utilizan otros para decir que con ello se “cumple una promesa de campaña” para resaltar su carácter electoral, en cualquier lugar del mundo nos preguntaríamos ¿afectará esto el resultado?

5) Declinan 3 candidatos a gobernador en tres distintos estados, a favor de candidatos a los que días antes atacaban. en algunos casos las preferencias que mostraban quienes declinan no eran despreciables. Inevitable preguntar ¿afectará esto el resultado?

6) Lo más impactante y definitivamente el evento más tráumante en materia electoral en muchos años, el asesinato de un candidato que aparecía con mucha ventaja sobre sus adversarios a dos días de concluir las campañas, este asesinato conmueve no solo al estado donde se realiza sino a todo el país. Entiendo más que en los otros casos la pregunta ¿afectará esto el resultado?

7) por último, el mismo día en que finalizan las campañas en todos los estados, la fiscal encargada de investigar los delitos o irregularidades electorales renuncia. ¿es esto algo que tiene efecto en lo que harán los partidos para ganar las elecciones? ¿influye esta renuncia en el resultado? Esta lista no es exhaustiva, también se han presentado acusaciones de enriquecimiento inexplicable, se han exhibido autos de formal prisión, se han acusado de secuestro, de amenaza, han mostrado evidencia de compra de voto, etc, pero ya no quise extenderme, con las 7 anteriores pregunto a quienes leen esto: ¿las encuestas publicadas debían haber incluido en sus mediciones el efecto que todo lo listado puede causar? (además de las dificultades inherentes al método ya antes anotadas).

Yo les digo, con absoluta certeza y después de muchos años de hacer encuestas que ES IMPOSIBLE hacerlo, por ello que una encuesta se parezca al resultado de la elección es como atinarle a varios números del MELATE, un evento aleatorio. Lo anterior no significa, ni de lejos, que como encuestador no esté sujeto a una calificación del trabajo, de hecho los conteos rápidos muestran la solidez metodológica y estadística ya que no hay entrevista de por medio, lo que afirmo es que una encuesta se evalúa por su metodología, no por su resultado.

Una buena encuesta, por muchos motivos puede alejarse del resultado, y una mala encuesta puede validarse erróneamente cuando el azar la lleve a coincidir con ese resultado. Lo que si hacen las encuestas es generar escenarios, ninguno de ellos con el 100% de probabilidad de ocurrencia, pero voy a dejar otra provocación: si un partido tiene el 90% de ´probabilidades de ganar en cada uno de los 12 estado (es decir su ventaja es amplia en todos los casos), cualquier analista diría que el escenario mas probable es que ese partido gane los 12, y eso es incorrecto; en el caso planteado, aunque algunos lo consideren contraintuitivo, el número de estados que ganará con más probabilidad es 11 (de hecho es 10.8 estados pero es más claro cerrar ese valor a un entero), ese número de estados es mas probable que 12, aunque no podamos decir cual estado perdería.

Por lo pronto, este debate se que no termina y que aun con tanta advertencia veremos a quien el 5 de julio aparezca con el clásico “le fallaste” en algún o algunos lugares. Mientras llega ese momento, espero que el domingo 4 de julio, los políticos respeten y reaccionen no a lo que dicen y hacen otros políticos, sino a lo que hacen y a como votan los ciudadanos, es decir, que respeten la voluntad popular.

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