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México es el amor y la solidaridad, no la guerra; ¡no la queremos!: Sicilia

mayo 8, 2011

  • Funcionarios y estudiantes de la UNAM dan cálida acogida a manifestantes por la paz

Roberto Garduño

Periódico La Jornada
Domingo 8 de mayo de 2011, p. 6

La tragedia por la pérdida de vidas inocentes en la guerra del gobierno federal contra el crimen organizado envolvió a miles de ciudadanos que llegaron a Ciudad Universitaria para recibir a la marcha silenciosa por la paz.

El oficio de poeta de Javier Sicilia conmovió a las familias que por cientos lo escuchaban en las islas del campus universitario: México es esto, México es el amor, la compasión, la solidaridad; no el crimen, no la guerra, no queremos más esto. ¡Dejemos hablar a la poesía para que callen los insensatos!

La recepción a mujeres, hombres y familias de la marcha silenciosa en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fue entrañable. Cientos de estudiantes y funcionarios de la casa de de estudios se desplegaron en el corredor que se formó entre la explanada de rectoría, las islas y el frontón cerrado.

De espaldas al auditorio Justo Sierra, en la Torre II de Humanidades, se instaló un templete donde la Orquesta de la Escuela Nacional de Música de la UNAM interpretó las sesiones de coros del Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart.

Minutos antes de las cinco de la tarde llegó la marcha. Los integrantes, algunos en proceso de deshidratación, caminaron con dificultad hasta el templete, comieron y pasadas las seis de la tarde dio inicio un mitin con la participación de seis personas que conmovieron con sus testimonios a miles de mujeres y hombres.

Sicilia, breve, agradeció el cobijo para después dar paso a la orquesta universitaria.

“Hemos marchado a lo largo de tres días en silencio, conversando entre nosotros. Gracias a la máxima casa de estudios, gracias a los estudiantes. Ésta fue mi escuela, ésta fue mi alma, aquí me formé. Me da mucho gusto estar aquí. Gracias también a Sealtiel Alatriste, escritor; a mis lados están Hugo Gutiérrez Vega, uno de los altos poetas de esta nación, y el padre Miguel Concha, uno de los grandes cristianos y uno de los defensores de los derechos humanos más dignos y más grandes de este país.

“Queremos decir algo que nace del silencio. Me decía Hugo recordando al filósofo (Theodor) Lessing, que cuando la ‘insensatez ocupa la vida pública, la poesía tiene la razón’. Vamos a escuchar poesía en el Réquiem de Mozart (las tres secciones de coro que compuso antes de morir), la misa de muertos que anuncia la resurrección más hermosa que se haya compuesto en la historia. Oigámosla y dejemos la palabra a la poesía que viene del silencio y dice mucho más que todo lo que podamos decir. Que se oiga esto porque en ella también se recoge el dolor, los corazones, el amor con que hemos caminado, la presencia de lo que debe ser México.”

La tarde amenazaba lluvia, que a nadie ahuyentó, y la mayoría permaneció atenta. La estudiante Silvia Colmenero sugirió a los ciudadanos pensar juntos en cómo se logrará reconstruir el país y dio la bienvenida a la marcha.

Esta es su casa, la UNAM recibe y hospeda a esta caravana, porque su comunidad también forma parte de ella. La UNAM recibe esta marcha para unirse al grito de millones de hombres y mujeres, para andar juntos, para construir un país con paz y justicia.

Le siguieron el padre y la madre de Adriana Morlet, alumna de la Facultad de Arquitectura desaparecida hace ocho meses.

Él provocó el silencio: “Un día como hoy, hace ocho meses, mi hija desapareció. Estudiante de la UNAM, alumna distinguida en la Facultad de Arquitectura, vino a sacar un libro a la biblioteca y no volvimos a saber de ella. ¡Ocho meses sin saber de ella! No sabemos nada. Desde que mi hija desapareció –aquí está mi esposa– sufrimos una puñalada en el corazón. No nos hemos repuesto.

Estamos sufriendo las consecuencias de una guerra que no pedimos, de una guerra para la que no estábamos preparados, y ellos, los que decidieron la guerra, están en los restaurantes de lujo, en sus oficinas que pagamos nosotros, planeando cómo distribuirse el poder.

Los oyentes respondieron y el reclamo pasó a ser eco: ¡No están solos! ¡No están solos! ¡No están solos!

Otilio Cantú, de Monterrey, Nuevo León, dijo que acudió a la marcha porque se identifica con las mujeres y los hombres que han perdido a alguno de sus seres queridos en actos vandálicos cometidos por la delincuencia organizada, o por la delincuencia desorganizada de alguna parte de nuestro gobierno que debe estar para servirnos.

Su testimonio también provocó sensaciones de impotencia. “Quiero dejar en claro que no represento a ningún partido político, que nunca he estado afiliado a ninguno y que en este momento me daría vergüenza pertenecer a alguno de ellos. Acudo a esta marcha acompañado de mi adorado hijo para que todo México, y más allá de nuestras fronteras, se enteren que él tiene un rostro, una mirada, que hace 20 días era un mexicano ejemplar y que su único pecado era trabajar. Levantarse a las 4:45 de la mañana, porque sus labores comenzaban a las seis, y traer una camioneta. ¿Qué, acaso está penado por la ley traer una camioneta?

“Trabajaba arduamente para salir adelante en sus proyectos de vida y fue abatido cobardemente el pasado 18 de abril, en un acto de barbarie con todas las agravantes de la ley de los Estados Unidos Mexicanos. Vengo en representación de una familia destrozada, donde un hijo más de la patria, un inocente, cae abatido por un daño colateral. Asesinaron a un mexicano de la manera más cruel e inhumana, mataron a una familia, dejando destrozados nuestros corazones.

Algo está fallando, no sé dónde, pero seguro algo está fallando. No sólo asesinaron a un joven inocente, destruyeron a una familia mexicana que cree en México, en su país y en sus instituciones. Por eso ¡ya basta, estamos hasta la madre!

También un hombre indignado aprovechó una de las pausas para exigir a todo pulmón: ¡Examen sicológico a Calderón!

Después del Réquiem de Mozart, los manifestantes se dirigieron al frontón cerrado de Ciudad Universitaria para descansar y enfilarse este domingo a la Plaza de la Constitución.

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