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Devastación de flora y fauna en Coahuila, por incendios evitables

mayo 17, 2011

El incendio comenzó en un sitio donde no se criaba ganado Foto Gabriel Holschneider

La bióloga Diana Crider lamenta la pérdida de cientos de osos Foto Sanjuana Martínez

  • Negligencia en los bosques
  • Las autoridades desatendieron las alertas emitidas antes del siniestro, afirma experta
  • Ahora ya llegaron los biólogos, pues saben que habrá dinero por estudiar el tema, dice

Sanjuana Martínez

Especial para La Jornada

Periódico La Jornada
Domingo 15 de mayo de 2011, p. 2

San Antonio, Tex. El escenario ecológico por los incendios ocurridos en Coahuila habla de devastación: 250 mil hectáreas dañadas en un mes. Y el análisis a cargo de la bióloga Diana Doan Crider es demoledor: Se ha perdido una gran reserva natural para Texas y México, tardaremos muchos años en recuperarla. Y todo por la falta de coordinación de las autoridades.

Diana, investigadora del Departamento de Gestión y Ciencia del Ecosistema de la Universidad de Texas A&M, lleva 25 años trabajando en la Serranía del Burro en Coahuila, un corredor ecológico de cordilleras inferiores paralelas a la Sierra Madre Oriental, que ha quedado arrasado por el fuego afectando irremediablemente la flora y la fauna silvestre de la zona, que incluye una de las mayores poblaciones de osos de Norteamérica.

El balance es desolador: Perdimos la mayoría de los oseznos de este año. Estamos hablando de cientos y cientos de osos. Era la temporada de hibernación. El fuego quemó las madrigueras y las crías estaban muy pequeñas para escapar.

Diana no puede evitar emocionarse. Dice que está de luto. Ha dedicado su vida al estudio del oso negro mexicano y es una pionera mundial en su defensa: Era la mayor fábrica de osos. Un paraíso para ellos. Ahora… ¿qué vamos a hacer?

Su computadora contiene cientos de mapas y fotografías del desastre natural. Fueron decenas de llamadas a autoridades mexicanas, tocó infinidad de puertas, gritó, suplicó, lloró. Nadie le hizo caso. Aunque al final su tenacidad logró disminuir el nivel de la catástrofe. Está sentada en su escritorio con semblante triste e intenta reconstruir las causas del incendio exterminador y las razones por las cuales no fue previsto, ni atendido debidamente por la Comisión Nacional Forestal (Conafor). Las autoridades escucharon los llamados de auxilio 15 días después de que inició el fuego.

Al otro lado de la frontera, en Monterrey, David Garza Lagüera, uno de los ganaderos más afectados –12 mil hectáreas quemadas–, no puede evitar exponer su enfado y su decepción contra el Estado por el siniestro en donde perdió incluso su casa: “El incendio tenía 15 días cuando llegaron las primeras autoridades. La gente que llegó estuvo tres horas y dijo: ‘esto ya está controlado. Ya nos vamos. Si nos necesitan, luego regresamos’. Es tan trágico lo que te cuento que los fui a llevar personalmente y cuando regresaba el incendio empezó a brincar por donde me dijeron: ‘No se apure ya está bajo control’. Yo les decía no se vayan, se van a quemar otras 50 mil hectáreas. Al final son 250 mil hectáreas arrasadas”, dice en entrevista con La Jornada.

Garza Lagüera es miembro de una de las dinastías empresariales más importantes de México, hijo de Eugenio Garza Sada, es presidente de Madisa y del grupo Delta que aglutina a empresas dedicadas a diversas áreas de la economía nacional: Diana Crider hizo más desde Estados Unidos que nuestras autoridades. Me tocó perder todo, hasta la casa; y por cosas tan absurdas como la falta de actuación.

Anuncios de alerta

México sufre actualmente 64 incendios diarios, según datos de la Conafor. En los pasados cuatro meses se han quemado 361 mil 170 hectáreas en los estados de Coahuila, Durango, Chihuahua, Quintana Roo, Oaxaca, Puebla y Guerrero. El año pasado en la Serranía del Burro cayeron 60 pulgadas de agua con el huracán Álex. Después el pasto y las arboledas secas fueron el combustible más efectivo para los incendios.

Pero Diana Crider, estudiosa de las supercélulas, una especie de inmensas tormentas en rotación, vio venir el desastre cuando cayó el primer relámpago en la Sierra del Burro, que es un lugar especial generador de supercélulas y de corrientes de aire capaces de crear tornados y tormentas de granizo por arte de magia.

Era 26 de marzo y acudió al rancho de Garza Lagüera para estudiar una enfermedad que estaba atacando a los encinos, la acompañó un experto de árboles, otro en incendios y su colaborador Alejandro Lozano, de la Universidad Agraria Antonio Narro: “Ya estaban dando los anuncios de la alerta de posibles incendios. Todo mundo estaba nervioso. Usan modelos o protocolos para predecir el nivel de combustible y el clima. Y puede decirles ‘tengan cuidado, porque esto es una caja de cerillos”’.

Incluso recuerda que la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), interesada siempre en las corrientes de aire y cambios climatológicos generados en la Serranía del Burro que viajan hasta Texas, le llamó para constatar si la supercélula era realmente un banco de nubes. No, les contesté, es una quemazón. Y añade: Yo ya estaba golpeando las puertas en México para alertar.

El incendio empezó en un lugar donde no había ganado: Todos sabían lo que se aproximaba. El problema fue que al momento de avisar al mundo que se está cayendo el cielo nadie te hace caso. Ellos (autoridades mexicanas) pensaban que exagerábamos. Los únicos que nos dieron mucha atención fue el gobierno de Coahuila, pero cuando pudimos llegar al punto para pedir auxilio aéreo, un punto inaccesible cuya única manera de llegar era combatirlo con apoyo aéreo; ya estaba fuera de control.

El incendio avanzaba. Llevaba 20 días sin ser combatido. Finalmente accedieron a contratar un avión 747 de Estados Unidos capaz de dejar una línea de 3 kilómetros de retardante, un polvo hecho de almidón y fertilizante utilizado para apagar incendios: “Hubo mucha confusión entre el idioma y agencias. Mucha burocracia para empezar a actuar. Cada cosa que hacíamos era equivocada y tenía que hacerse de otra manera y no había comunicación. Me sorprendió ver que no tenían un protocolo. Nos quedamos tan frustrados. Empezamos a hacer los gritaderos: Se nos está quemando la casa, alguien haga algo por favor. Al final, el gobierno federal declaró estado de emergencia hasta el 9 de abril. Ya para entonces era demasiado tarde”.

La confusión y el caos se apoderaron del entorno: Había mucha gente volando en el área. Y pensábamos, por favor, bajen y agarren una pala. Necesitamos solidaridad, pero 20 días después, de nada sirvió. Les falló el sistema. Ni siquiera tenían las mismas frecuencias de radio: la policía, la Conafor, los militares… entonces ¿cómo iban a solucionar el incendio?… Quiero que entiendan el dolor. El Estado abandonó a los ganaderos y a los habitantes del lugar durante los incendios, nadie los escuchó. Gritaron que se estaban quemando sus ranchos, sus vidas y un tesoro natural de México. No había otro lugar con fauna y flora tan rica y tan cuidada.

Tesoro perdido

David Garza Lagüera convirtió su rancho de 14 mil hectáreas en un parque nacional. Lleva 35 años cuidando la zona con esmero, dedicación y una auténtica vocación ecológica. Él y una veintena más de ganaderos contrataron hace años a Diana Crider y su equipo para lograr la conservación del lugar.

Se siente muy afligido: Es una barbaridad. Estoy triste al ver la falta de responsabilidad de las autoridades por no atender los problemas cuando se presentan y posteriormente quieren reparar lo sucedido. Son ciclos de la naturaleza. La naturaleza tiene cientos y miles de años y nuestro tiempo es muy breve. Tenemos que hacer lo que nos corresponde en eso: cuidar, proteger, promover; teniendo agua para la fauna y la flora y disfrutándolo como un parque nacional y dejarlo para las nuevas generaciones.

Explica que los pinos grandes tenían más de 150 años, por eso se negó a retirarlos de alrededor de la casa para protegerla del fuego: Se me quemó un bulldozer al ayudar a los vecinos. Otra máquina la mandé traer desde Chihuahua. Hubiera raspado alrededor de la casa y ya, tumbando toda la arboleda que tenía, pero me dije: ¿cómo lo voy a hacer?… Se quemó todo. Lo que quedó de las 14 mil hectáreas es prácticamente nada.

Vivió en el lugar la angustia de ver avanzar las llamas sin que llegara la ayuda. Veinte días después la Conafor por fin tocó a su puerta: Las gentes llegaron exigiendo comer porque eran las once de la mañana y no habían desayunado. ¡Pónganse a apagar la lumbre, no a comer!… Yo no estaba y la señora les preparó algo. Estaban comiendo cuando empezó a llegar la lumbre. Y ya no la pudieron apagar. Se vino muy cerca. Y no la detuvieron en las barreras que habíamos puesto, porque andaban en el atarugue. Sin prioridades.

Los aviones y helicópteros acudieron a atender zonas de gente relacionada con el gobierno: Andaban ayudando a los compadres y amigos. Las pocas gentes del Estado que vinieron atendieron a quienes les convenía atender: al compadre, al amigo; en lugar de pensar que su obligación era proteger la naturaleza. Son chorros de ranchos afectados, si te digo 20 son pocos, hubo gente que perdió todo. Hay mucha irresponsabilidad. Todo es después. No es mi problema, sino del otro.

Dice que el siniestro no le sirve ahora más que para reflexionar y aprender para que no vuelva a suceder: “Si me hubieran dicho ‘no te voy a ayudar’, yo hubiera actuado desde el primer día. Yo les decía: ‘es que se tiene que declarar una emergencia nacional’. Si no no se puede actuar, por amor de Dios, hay que prever en lugar de remediar. Y nunca se dio. Estuvieron mandando unos aviones. Nuevamente 15 horas tarde. Es como el paciente en cuidados intensivos: no te puedo dar oxígeno porque estoy ocupado, pero luego te doy para tu sepelio. ¡Por favor!

–¿Piensa hacer algo contra las autoridades?

–No, a qué conduce. ¿A exhibirlos? Están más que exhibidos por sí mismos. Es pura irresponsabilidad social, egocentrismo. Hay que crear conciencia como ciudadanos de la responsabilidad que tienen y si no la cumplen, hay que exigirles a través del voto”.

La zona está en crisis. Murieron miles de animales y los que sobrevivieron no tienen alimento: Ahorita estamos llevando alimento, pasto para ellos. Ya repusimos 11 kilómetros de tubería para rehacer todos los sistemas de agua para la fauna silvestre. El desastre es muy grande, dice.

Diana Crider maneja la situación con especialistas desde Texas y viajando a los ranchos de Coahuila: Los animales, con las patitas quemadas, andan buscando agua. Necesitan tomar cada ocho horas. Es la urgencia. No tienen qué comer. Los zopilotes se llevaron todo. Ya no queda nada.

Será un verano duro para todos y monitorea el escenario: Te queda la sensación de que fue algo que se pudo evitar. Está la cosa muy caliente, emocional. Los ganaderos se sienten muy engañados por su propio gobierno porque no les hicieron caso. Y nosotros no tenemos la menor idea del impacto real de lo sucedido. Iré en junio. Ahorita no puedo volver porque estoy de luto. Me muero de tristeza.

El Estado ha reaccionado tarde. Ante el desastre ahora piensa en la restauración y ha convocado a grupos y universidades para los estudios, sin tomar en cuenta a ganaderos y rancheros de la zona que ya se movilizaron por su cuenta para contratar sus propios especialistas. Diana Crider se emociona y repite: “Flores en vida, en vida, hermano. Ahora están llegando todos los biólogos con sus plumas. No llegaron con palas, ahora sólo quieren hacer sus estudios porque saben que allí va a haber mucho dinero para estudiar el tema. Es como si se muriera tu papá y llegaran para hacerle la autopsia y no antes, para salvarlo. ¿Eso de qué sirve?”

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