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Políticos mejoran su figura rumbo a la competencia política en 2012

septiembre 26, 2011

  • Problema de peso
  • Desesperados por bajar rápido, se someten a costosas dietas
  • En esta sociedad importan menos las propuestas y más si estás bonito: investigador

Claudia Herrera Beltrán

Periódico La Jornada

Lunes 26 de septiembre de 2011, p. 8

Es un país que se volvió de talla extra y sus políticos no son la excepción. Desesperados por reducir peso en tiempo breve se someten a costosas dietas, algunas de alto riesgo, según médicos y nutriólogos, por la rapidez de sus resultados. Pierden ocho o 10 kilos en un mes con licuados o, como dice una de sus doctoras, con alimentos “como de astronauta”.

¿Imagen, salud, moda? ¿Qué conduce a un político y en especial a los integrantes del gabinete de Felipe Calderón a seguir métodos tan radicales?

“Estaba muy gordo”, responde tajante el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, quien se deshizo de más de 20 kilos en cinco meses y parece lucir más cómodo con su nuevo aspecto.

Siete de cada 10 mexicanos mayores de 20 años de edad en México tienen sobrepeso u obesidad, incluidos varios políticos. Sólo que ellos han podido pagar costosas dietas, cuyos resultados son asombrosos por la velocidad de la reducción de tallas, pero que en algunos casos no se apegan a las recomendaciones de la Secretaría de Salud de llevar procesos paulatinos.

Algunos lograron estilizar su figura con una dieta proteinada denominada Pronokal (proteínas, no calorías), traída por una empresa española a México hace dos años y cuyo costo es hasta de 12 mil pesos mensuales. Otros con un tratamiento todavía más costoso, que puede ser superior a 20 mil pesos, ofrecido en la Clínica de Obesidad del Hospital ABC.

Tentaciones para los colaboradores de Calderón sobran. En el momento de la entrevista, Meade, al igual que el secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora –también ha reducido varios kilos–, son comensales en un banquete en el Castillo de Chapultepec. Para agasajar a la presidenta de Costa Rica y a los invitados, los meseros sirven filete de res, calóricos postres y vinos mexicanos, pero algunos asistentes apenas comen o ven pasar los platillos. Tomaron antes sus concentrados de proteínas y muchas pastillas de sodio, potasio o vitaminas.

De un día para otro algunos integrantes del equipo presidencial comenzaron a verse muy grandes en sus trajes. Disciplinados, siguieron los consejos de sus nutriólogos y médicos, de no comprarse ropa en tanto siguieran en tratamiento.

Cuando Blake se estrenó en el cargo, el 15 de julio de 2010, sus trajes le quedaban más justos; hoy casi nada en ellos. Uno de sus colaboradores deja ver cierta preocupación cuando comenta que su jefe perdió 26 kilos en cinco meses por tomar “licuaditos”. Luego se pregunta si no recuperará peso cuando coma normal.

Entre los subalternos se dan especies de competencias sobre quién ha bajado más peso. Unos dicen que Alejandro Poiré, otros que el secretario de Gobernación.

En Los Pinos, la vocera Alejandra Sota fue de las primeras en lucir una figura más delgada; siguieron Ernesto Cordero, ex secretario de Hacienda y ahora aspirante a candidato presidencial del PAN; los secretarios de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, y de Economía, Bruno Ferrari, así como Poiré, director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).

Los representantes de Pronokal en México se reservan los nombres de sus pacientes, aunque en los consultorios algunos doctores presumen como historias de éxito a la canciller Espinosa, al ex vocero de seguridad o a Tomislav Lendo, director de discurso del Presidente, quien, como otros funcionarios de nivel alto o medio del gobierno federal, ha adoptado esta moda.

En el entorno de Blake y de Poiré hay entusiasmo, porque sus jefes han logrado proyectar una imagen más juvenil en televisión, sobre todo este último, que ofrecía conferencias de prensa casi a diario. La pregunta es: ¿hubo una orden desde Los Pinos o fue decisión personal por estética o salud?

“A mí me llevó mi esposa”, comenta Meade, quien dice seguir “la dieta del inglés”, como llama al método de la Clínica ABC, reconocida en el gremio médico como seria, mientras la de Pronokal despierta polémica.

A Gisela Rubach, directora de Marketing Político, no le sorprende este repentino interés de los políticos por “dar una imagen más sana, acorde con los estereotipos. Las campañas y la política son cada vez más show por el rol que juegan las revistas, la televisión, las telenovelas o los artistas.

“Cada quien trae un proyecto personal y habrá que ver el año que entra cuántos de ellos (los funcionarios a dieta) son candidatos. No sólo hablamos de la elección presidencial, sino de las campañas a senadores, diputados y presidentes municipales. Cuando lleguen vamos a decir: ‘con razón bajó 40 o 10 kilos’”.

Rubach, consultora de campañas políticas, desaconseja los cambios drásticos de imagen y el abuso del Photoshop, porque luego los candidatos están irreconocibles. “Si tienes tiempo, está bien; por ejemplo, Ivonne Ortega (la gobernadora de Yucatán) bajó 44 kilos en tres años; pero si no, es mejor mantenerse.”

Mientras el método de reducción de peso sea confiable, está bien que los políticos se preocupen por su salud, considera Abelardo Avila, investigador del Instituto Nacional de Nutrición. El problema surge cuando este interés obedece más a una subcultura política basada en los dictados de los medios de comunicación.

“El político es pragmático. Si tiene que bajar de peso lo hace, si hay que cargar niños y besarlos lo hace, y si hay que ir a un reality show también, sobre todo en una sociedad inmadura y mal educada por los medios de comunicación, donde importan menos las propuestas y más si estás bonito o no.”

Además los políticos tienen la ventaja de acceder a la consejería de los mejores endocrinólogos y médicos del país. “No creo que vayan hacia el esquema milagro, y si lo hacen pueden corregir los daños rápido”. Los pobres, no; caen con mayor facilidad en las dietas milagro.

Sin importar clases sociales, añade, el problema de fondo esté en la cultura del engaño y del consumismo: “engórdalos hasta que revienten y luego promételes que van a bajar en cuatro semanas lo que subieron en cuatro años”.

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